domingo, 23 de enero de 2011

La obra misionera en Colombia...



En el caso de Colombia, la llegada y el crecimiento de nuestra Iglesia han estado vinculados a una mujer sencilla y humilde: la Ihumenia Liz (Lida Ospina Hurtado).
Nacida en Armenia-Quindío, el 5 de julio de 1948, comenzó a recibir mensajes divinos en la década de los ochenta, para que, como el propio Señor le dijera, “ayudes a levantar Mi Palabra hacia el nuevo mundo”. Desde un principio, dichos mensajes estuvieron acompañados por maravillosas señales, especialmente de sanación tanto espiritual como física.
El jueves 17 de septiembre de 1992 (conmemoración del Profeta Moisés en el Calendario Juliano), mientras arreglaba su celda, tomó la tapa de una cajita de cartón donde guardaba óleos. Cuenta la Ihumenia: “sentí algo muy especial. Entonces me di cuenta: el rostro de Cristo estaba ahí plasmado”. De inmediato, exclamó: “eres Tú, mi Jesús”; y pronto, brotó en su mente una oración inspirada: “Divino Rostro de Jesús, envuélvenos en tu luz”.
Con honda ternura, la Ihumenia Liz ha comentado: “soy devota al Divino Rostro, y en cada sitio que he visitado me regalaban alguno. Pero siempre sentía que me faltaba uno. Y se lo decía a Él. Hasta que Él me lo dio”.
Hoy, el milagroso Icono es resguardado en un Santuario, en la Ciudad de Pereira. Sin embargo, la devoción que ha despertado motivó la construcción, en Cajicá, de una Catedral dedicada a la Madre de Dios de la Flor de Lis: roguemos a Dios por su pronta culminación.
Incansable, ejemplar, Madre Liz, como es popularmente conocida, ha tocado a miles de corazones en muchos países, y se ha constituido en el motor de la Iglesia en Colombia.
El 20 de septiembre de 2008, recibió la bendición como Ihumenia del Monasterio del Divino Rostro, de manos de Su Beatitud Daniel.

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