domingo, 27 de febrero de 2011

Canon Biblico de la Santa Iglesia Ortodoxa... y de otras iglesias.


Hermanos y hermanas en Cristo:
¡Paz en Cristo nuestro Sumo y Eterno Sacerdote!
El Canon Bíblico es diferente entre la Iglesia Ortodoxa, la iglesia católica romana y las iglesias protestantes.
En las iglesias protestantes (Presbiteriana, Anglicana, Bautista, Metodista, Luterana, etc.) el Canon Bíblico se compone de 66 libros. Carecen de:
- I, II y III de Macabeos.
- Judit
- III de Esdras
- Sabiduría
- Eclesiástico
- Tobit (Tobías)
- Baruc
- Oración de Manasés
- Fragmentos de la versión griega de los LXX de los libros de Daniel y Rut.
- Salmo 151
El Canon de la iglesia romana carece de los siguientes libros:
- III de Macabeos
- III de Esdras
- Oración de Manasés
- Salmo 151
Y la iglesia copta tiene libros de más:
- El Libro de Enoc
- Y el libro de los Jubileos
Solamente la Santa Iglesia Ortodoxa conservo el Canon de la Sagrada Escritura tal y como fue creído y aceptado desde el principio.
Como se darán cuenta, muchas iglesias le quitan libros o se los ponen a la Sagrada Escritura, solo la Santa Iglesia Ortodoxa la conserva tal y como fue enseñada por los Santos Padres y por los Concilios Ecuménicos.
Los dejo con la Oración de Manasés y con el Salmo 151.
Señor Dios, Rey del universo, Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y de todo su justo linaje: Tú hiciste los cielos y la tierra, con toda su inmensa formación.
Ante tu presencia todas las cosas se estremecen con temor; tiemblan a causa de tu poder.
Sin embargo, tu benigna promesa es inmensurable, y sobrepasa cuanto podemos sondear.
Señor, tu compasión es abundante, paciente y rica en misericordia.
Retienes tu mano; no nos castigas como lo merecemos.
Por tu gran bondad, Señor, has prometido el perdón a los pecadores, para que se arrepientan de su pecado y sean salvos.
Ahora, Señor, doblo la rodilla de mi corazón, y apelo a ti, confiado en tu bondad misericordiosa.
He pecado, oh Señor, he pecado, y reconozco a fondo mi iniquidad.
Por tanto, humildemente te imploro: ¡Perdóname, Señor, perdóname!
No permitas que perezca en mi pecado, ni me condenes a las honduras del abismo.
Pues tú, Señor, eres Dios de los que se arrepienten, y en mí manifestarás tu benevolencia.
Indigno como soy, tú me salvarás, de acuerdo con tu piedad inmensa, y cantaré sin cesar tus alabanzas todos los días de mi vida.
Todas las potestades celestiales te aclaman, y tuya es la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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